Evalúan alternativas de producción frente al panorama de degradación de las tierras

3/28/2016

 

 

A diferentes hitos y componentes naturales se ha atribuido a lo largo del tiempo la degradación de las tierras en Santa Cruz. En la Meseta Central,  desde el Sitio Piloto Magallanes – que forma parte del Observatorio Nacional de Desertificación- , la UNPA continúa estudiando alternativas de producción sustentable, como complementos alimentarios para el ganado y riego. Otra línea en desarrollo evalúa el aprovechamiento del guanaco

 

Desde 2013 la Meseta Central de Santa Cruz es parte, mediante el Sitio Piloto Magallanes, del Observatorio Nacional de la Degradación de Tierras y Desertificación, dependiente del INTA y del CONICET. Al mismo tiempo, el equipo de investigación que dirige el Doctor Larry Andrade y codirige la ingeniera Carla Moscardi, de la Unidad Académica San Julián de la UNPA, lleva adelante allí desde 2015un proyecto de investigación denominado  “Viabilidad de desarrollar producciones sostenibles en ambientes áridos y desertificados”.
El eje de la investigación, inscripta en el Instituto de Ciencias del Ambiente, Sustentabilidad y Recursos Naturales (ICASUR) es la observación de ambientes degradados y el objetivo es lograr la sustentabilidad en  los mismos con el productor y con todas las actividades existentes en las áreas de influencia. “Nuestra concepción de ambiente es con todos los componentes, incluido el hombre, a eso apunta, al desarrollo sustentable integral de este medio. No estamos pensando una meseta central sin el productor, ni tampoco sin las actividades que en las áreas de influencia existen actualmente, en los alrededores la actividad minera, con mayor distancia el petróleo y las ciudades, como Puerto San Julián”, definió Moscardi.
Se trata de proponer alternativas de producción, frente al panorama de degradación de las tierras, que a lo largo del tiempo se ha atribuido a diversos factores,  hitos que han ocurrido desde el punto de vista natural, el volcán Hudson, la sobrecarga de la explotación ganadera ovina, y también las condiciones climáticas predominantes en la meseta central, como la baja precipitación y los fuertes vientos, tornando variable la asignación de carga de año en año.

 

Cambio cultural

 

La investigación integra las líneas de trabajo socioeconómico con los estudios de los componentes físicos y biológicos del ambiente, y estudia cómo la dinámica de los componentes ambientales influye sobre la dinámica productiva y social, así como las explotaciones ganaderas impactan en la variación o en la dinámica de los componentes ambientales.
Con tres años de duración – uno de vigencia y actualmente en plena temporada de trabajo de campo, que se extiende de septiembre a abril o mayo, dependiendo de las condiciones climáticas-, el proyecto se ha centrado en la búsqueda de alternativas a la actividad ovina extensiva o, directamente, en cómo poder lo mismo de manera más productiva y rentable, siempre respetando la consigna de no agudizar la crisis del pastizal natural. No obstante, el cambio a otra actividad en la cultura del productor ganadero patagónico es difícil y las alternativas de producción rondan alrededor de la misma actividad: el desarrollo de pasturas para complementar el alimento de madres y/o corderos. Para eso, otro eje es el reconocimiento y estudio del recurso hídrico, de las aguas subterráneas o superficiales de la zona, “porque todo lo que sea pasturas o mejoras, o hacer una crianza no tan extensiva del ganado, también requiere del conocimiento del recurso hídrico, tanto para el consumo animal como para riego”, explicó.
El proyecto involucra a aproximadamente entre diez y quince establecimientos ganaderos, de los cuales fijos y activos productivamente hoy, hay seis u ocho, “lo demás están fuera de producción o directamente abandonados, aunque aportan información”, dijo. “Hemos avanzado bastante, los productores tienen un gran conocimiento de sus recursos y con lo que podemos aportar nosotros, estamos logrando un mapeo y un reconocimiento de los recursos con miras avalorar su potencial”, aseguró Moscardi.
Consultada sobre la calidad y niveles de agua, la investigadora consideró ambos aspectos son esperanzadores en función del sitio y “las condiciones naturales del lugar”. En algunos casos, dijo, “hemos identificado que algunos mallines o vegas de la zona han tenido un retroceso a lo largo del tiempo y no hemos hallado puntualmente las causas, aunque tenemos nuestras hipótesis”.

 

Equilibrio sustentable

 

Una de las hipótesis de la que se parte, es que el histórico nivel productivo con altas cargas animales combinado con las fluctuantes variables climáticas, llevaron a niveles crecientes la degradación de la tierra y lo que se espera es lograr un equilibrio que permita mantener la sustentabilidad del recurso y sostener – y aumentar si fuera posible- la rentabilidad del productor. “Hoy muchos productores están implementando modelos de manejo que apuntan a un aprovechamiento holístico del recurso, que hace que con menores cargas logren mejor producción, mayor cantidad de kilos por animal, mejor calidad de lana, apuntando a un mercado más diversificado tanto a nivel nacional como internacional, todo apoyado en un manejo racional del recurso natural”, explicó Moscardi.
El INTA cumple un rol importante en el proyecto. Estudios de capacidad productiva, llevados adelante por el Grupo Pastizales - que en Río Gallegos está a cargo del biólogo Gabriel Oliva-  aportan información que sirve al productor para saber qué carga animal puede sostener en buenas condiciones en las diversas áreas de su campo. Lo interesante de la investigación son las posibilidades de extensión y de aplicación de procedimientos simples y de bajo costo. En este sentido, “el proyecto tiene mucho de este intercambio con los productores, no sólo el dato científico, útil tanto para ellos como para la discusión con la comunidad científica- sino el conocimiento y difusión de lo que realmente está viviendo el habitante de la meseta central, para lograr un resultado que sirva y permita sostener esas poblaciones en los lugares en los que quieren estar”, añadió.
La planificación de este año prevé terminar de relevar los recursos hídricos, suelos y vegetación y comenzar hacia fines de 2016, a calcular índices de relación entre el componente socioeconómico y el natural: “La idea es que en el lugar en donde estamos monitoreando los niveles de degradación de tierras, sean propuestas alternativas que permitan mantenerse en producción y mejorarla si es posible”.
A las líneas de trabajo de este proyecto se suman otras alternativas, como las que arroja un proyecto que lleva adelante Andrade, con otro grupo de trabajo, sobre el aprovechamiento de la fibra de lana de guanaco, cuya gran población es otra de las problemáticas identificadas en la meseta central.  Moscardi dijo que su aprovechamiento, en vez de su erradicación “es una de las posibilidades que está en instancia de investigación” y para lo cual se cuenta con un subsidio nacional destinado a establecer costos reales de acometer un manejo de la especie que permita controlar su población y aprovechar tanto la fibra como la carne para consumo animal y humano.

 

Sitio en Observatorio

 

El Observatorio Nacional de Degradación de Tierras y Desertificación tiene una metodología unificada para toda la Argentina, en la que se determinan indicadores biofísicos y socioeconómicos. Es una base de datos con un objetivo común, que es  la conservación de la tierra.
El Sitio Piloto Magallanes ha participado a principios de 2015 de una encuesta socieconómica y análisis de disposición de los productores ganaderos, aunque debido a dificultades en el análisis de datos, el Observatorio Nacional ha ido modificando la encuesta, ajustando el manual del encuestador y algunas preguntas, para volver a relevarlos.
Moscardi evaluó la conveniencia del nuevo relevamiento de datos, teniendo en cuenta que desde la encuesta, de febrero de 2015 a hoy, la situación del productor ganadero es muy diferente, desde el punto de vista económico político: “La percepción del ganadero es diferente por esta posibilidad que tiene hoy de vender la lana a otro precio, por la liberación del dólar y demás. A simple vista tiene un panorama más alentador según su visión”, advirtió.

 

Ubicación

 

El Departamento Magallanes está ubicado en el centro-este de la provincia de Santa Cruz, situado entre los 67° y 69 ° 50’ de Longitud Oeste y los 47° y 49° 30’ de Latitud Sur. De acuerdo a bibliografía consultada por el equipo de investigación (Borrelli y Oliva, 2001) es representativo de la región ecológica de la Meseta Central, con 14,33 millones de has., y algo más de 600 establecimientos ganaderos, una región extensa y heterogénea afectada por un severo proceso de desertificación. La caída de la receptividad sumada a la baja o nula rentabilidad de la actividad ovina en un contexto difícil por la deposición de extensos mantos de ceniza luego de la erupción del Volcán Hudson en Agosto de 1991 (que afectó en forma de cono desde la cordillera hacia la costa marítima buena parte de ese extenso territorio), desembocaron en los ´90 en el cierre y abandono de un importante número de establecimientos ganaderos. Se produjo entonces un notable éxodo de la población rural a los centros poblados (Álvarez, 2009). Una parte de esta vasta región ecológica, la ocupa el departamento Magallanes con 19.805 km2, cuya localidad cabecera es Puerto San Julián. 

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